Quien me veía con una capa de "súper lesbianita" echada por los hombros con los colores del arcoiris, marchando adelante de la pancarta más bonita de la marcha, sintiéndome orgullosa de pensar que las únicas palabras que se oian eran las de Pollito y las de otras veinte o treinta marchantes que ostentaban su seguirdad y felicidad por ser lesbianas, uniendo sus voces al compás de "somos DeGeneres-E..."
Llegamos al parque con nuestras amigas las psicólogas, sufriendo por encontrar la

valla móvil, no sabíamos dónde ni cómo organizar su entrada a la marcha, sin embargo los voluntarios del Centro Comunitario nos colaboraron y fue la primerita (y mas pequeñita) de la caravana de carros que seguía la marcha y encabezaba todas las carrozas y carros grandotes.
Pero la magia se vivió toda adelante, las 30 cuadras se me hicieron pequeñitas para educar a los mirones que se sorprendían con "su hija lesbiana y su hijo maricón". La marcha contrubuyó a nuestra idea de DeGenerar y subvertir preceptos como que maricón es una grosería y eso no lo debe decir la gente pero ¿no es así como han llamado a los hombres homosexuales? sí ¿ser hombre homosexual es malo? no, por lo tanto la palabra maricón no es grosería.

Además de sentir que aportábamos, sentimos que marcamos la diferencia. Las lesbianas hemos significado un mito aún más grande que la homosexualidad masculina, porque muy poca gente conoce una mujer lesbiana. Y podría decir sin ningún dato estadístico real, que nunca han marchado más mujeres como el pasado domingo con DeGeneres-E. El que marcháramos, el que proyectáramos una imagen de seguridad y felicidad hace más por la aceptación que los heterosexuales deben tener por nosotros en respeto y en tolerancia, es el paso que hay que seguir persiguiendo la normalización de conductas afectivas entre mujeres.