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Escrito por mandagora
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sábado, 06 de noviembre de 2010 |
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(La ninfa que ni existió y la diosa que me inventé)
¡Y claro! Así me di cuenta del motivo de mi gran tristeza hoy, en una de mis vidas pasadas, para ser exacta: mi primera vida.
Yo era una diosa que admiraba dese las nubes una hermosa ninfa que danzaba en el bosque, y para mi gran desdicha a los dioses no nos era permitido tocar lo que fuera terreno por más que hiciéramos el intento, por más que lo deseáramos.
Y cómo no querer tocar al más perfecto ser que haya visto jamás, con la piel con la suavidad de las rosas, con una sonrisa que la hacía brillar como el sol, y besarla como si la vida que existe y existira en la tierra dependieran de ese beso.
¡Y claro! Sin pensarlo dije, "debe haber algo que pueda hacer para tener el placer de tocarla, ¿cómo no se va a poder hacer algo si somos dioses?
Y grite con el dolor y el amor de una diosa, ¡así tenga que ir hasta el fin del mundo!.
Así condenaron a la diosa y a la ninfa a ser mortales, a tener mil vidas y que en cada vida la ninfa embriagara de amor a la diosa, le mostrara los placeres de las ninfas y luego se fuera, pero la diosa va a tener que seguirla hasta el fin del mundo.
¡Y por eso es mi gran tristeza hoy!, porque te fuiste y tendré que seguirte hasta el fin del mundo.
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