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viernes, 11 de agosto de 2006

(A quién no le ha pasado esto)

En esta locura de vida, justo cuando todos los sentimientos se revuelcan y los pensamientos están entre el sí y el no... ese vaivén que agota... Justo en este momento, es cuando tenés que decidir sobre qué es lo que vas a hacer.

 

¿A dónde voy? Simple. Cuando vos ya sabes quién sos, tenés claro lo que te gusta, tus sentimientos se abren a esas hermosas vivencias con los seres más hermosos que existen... sí, estoy hablando de las benditas mujeres. Cuando vos te dejás llevar por la emoción, la sensación y sentís como tu alma se desnuda completa ante el amor, el gusto, el placer... justo ahí, cuando te sentís libre... llega la duda, el temor que lentamente comienza a arrasar con toda agradable sensación de tranquilidad.

¿Y por qué? Porque tu familia y la sociedad te han enseñado a temer. Sumergidos en la cultura del no, de lo prohibido, crecemos pensando que toda esa mierda que nos decían cuando íbamos a misa (obligados), es cierta. Esas palabras: “las mujeres se hicieron sólo para procrear y reproducir la especie, lo demás es pecado”, como cuchillos se te clavan tan profundo en el inconsciente, que te llenan de miedos pendejos que luego nadie te enseña a resolver.
Y bueno, aun así crecés y seguís la vida. Llegan las experiencias que te despiertan y te sentís con ganas de comerte al mundo. Luego, con más años, sintiéndote muy “madura”, asumís la cosa (tu homosexualidad) con tranquilidad. Pero por debajo de cuerda hay algo que siempre molesta, esa piedrita en el zapato que no deja de recordarte las famosas normas morales que deben regir tu vida católica, apostólica y romana...

Entonces, comienza la guerra, a veces a muerte, de tus sentimientos vs. pensamientos, o sea, en otras palabras, razón vs. pasión.
Qué hacer entonces. La pregunta es cómo decidir sin hacer daño a los que te rodean, a esas personas que aunque sean tan incisivas en tu vida son tu familia y van a estar en las buenas y en las malas. De igual forma también te preguntás, “bueno pero ya estoy grandecita para formar mi propia familia, entonces cómo me desapego de toda norma familiar, moral y social que reprime y castra mis sentimientos”.

Se te revuelca la vida por momentos y parece que fueras a tirar la toalla, te preguntás cómo hacer para no tener miedo cuando tu familia, la más intensa, no sabe quién sos. Pensás en dejar la cosa así, dejar que tu vida pase siendo la buena hija, hermana, profesional... que siempre has sido.

Y luego, entre tus alucinaciones, tenés un momento de lucidez que te conmueve, claro caés en la cuenta que sos MUJER y que tu rol en el mundo como tal es tan poderoso y grandioso como vos querés que sea. Sos vos como mujer la que magnifica tu papel en tu propia vida, sea cual sea la forma de amar y vivir tu sexualidad. Sos vos la que tiene ese compromiso por el respeto que te nace una vez sabés que sos homosexual, ese compromiso con vos misma de encontrar en la diferencia tu soporte en la vida, así sea difícil.

¡Ah! Y al fin encontrás un descanso en esa lucha de razón y pasión...
Lo interesante de todo esto es te movés, te sentís, reflexionás, pensás, crecés... y eso te hace mujer, viva, entera...
Y díganme algo, ¿a quién no le ha pasado esto?, si alguien tiene una forma de ver las cosas distinta que me puedan ayudar, bienvenid@.


Bueno, un poco loco pero con afecto desde Medellín, María.

 


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Comentan
chalo23  - A muchas nos ha pasado   |2007-07-11 22:31:06
A mi mete llegan recuerdos de momentos en los que dude, las dudas me sirvieron para confirmar que esto es lo que yo quiero: :arrow:
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