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La ONG que salió del clóset E-Mail
Escrito por Bernando Bejarano González   
martes, 26 de diciembre de 2006

La Marcha del Orgullo Gay convoca cada vez a más bogotanos. Este año, la comunidad homosexual de la capital estuvo a punto de colmar la Plaza de Bolívar.
 
Detrás de la aprobación en el Senado del proyecto de ley que reconoce a las parejas del mismo sexo está Colombia Diversa. Con menos de tres años de trabajo y con el nombre de Virgilio Barco Isakson -hijo del ex presidente liberal- como punta de lanza, esta organización ha hecho más visible que nunca a una comunidad tradicionalmente marginada. ¿Cuál es su secreto?

En un desvencijado despacho, trepado en el piso 11 de un edificio cercano al Museo Nacional, funciona una de las organizaciones cívicas más eficientes del país: Colombia Diversa.

Los paquidérmicos ascensores, las alfombras lisas por el tráfico de años, los muebles de tía solterona y el hecho de que se trate de una oficina compartida contrastan con la imagen de yuppy de su presidente, Virgilio Barco, hijo del fallecido ex mandatario liberal.

Es difícil creer que desde este espacio oscuro, cuya ducha sirve para almacenar copias de los estudios publicados por sus investigadores, se haya ejercido buena parte de la presión social que permitió que el Senado aprobara, por primera vez en la historia, un proyecto de ley que reconoce los derechos de las parejas del mismo sexo.

Pero así es. En su pequeña sala de juntas, custodiada desde el quicio del ventanal por diminutas réplicas de los monolitos de San Agustín, se han fraguado varias de las estrategias que más han contribuido a que el tema gay trascienda lo anecdótico y empiece a ser objeto de discusiones de fondo.

Todo comenzó en el 2003, cuando Barco y su pareja, Andrew Dier, conocieron a la trabajadora social Marcela Sánchez, al periodista Iván García y al abogado Germán Rincón Perfetti, líderes del activismo gay.

Todos hacían parte del comité ciudadano que respaldó a la senadora Piedad Córdoba en el fallido trámite de un proyecto de ley que pretendía conseguir derechos de familia para las parejas homosexuales.

Durante interminables esperas en las tribunas y los pasillos del Capitolio, los cinco fueron intercambiando ideas y sueños sobre el movimiento gay. Aderezadas con los traspiés de los debates, las charlas llegaban casi siempre a la misma conclusión: la desinformación pública era el principal obstáculo para alcanzar sus demandas.

Se necesitaba entonces una organización que trabajara el tema de manera permanente, no coyuntural.

Té verde y leche de soya

Tras el hundimiento del proyecto, archivado en segundo debate (55 votos contra 32), las reuniones se trasladaron a sus casas, sobre todo a la de Barco.

Se encontraban una vez por semana, de noche, para un metódico trabajo de planeación, más propio de tecnócratas que de un cónclave de activistas.

Al final de las sesiones, desarrolladas alrededor de platos vegetarianos y de cantidades industriales de té verde y leche de soya, se establecían las tareas que cada uno debía ejecutar durante los siete días siguientes.

Unas semanas después, previa aplicación de un conjunto de técnicas administrativas aportado por Barco, tenían toda una matriz de prioridades, que se tradujo en tres ambiciosos objetivos: lograr el reconocimiento de los derechos de las personas LGBT: Las lesbianas y los gays, bisexuales y 'transgeneristas' o transexuales; transformar los imaginarios negativos sobre ellos y promover la organización de este colectivo.

Ya formada y encaminada, la criatura necesitaba un nombre; una tarea ardua, si se tiene en cuenta que tenía media decena de padres.

Después de barajar muchas opciones, se decantaron por Colombia Diversa, que disgusta a algunos militantes -como el propio Rincón- porque no se refiere directamente a los gays, pero que responde a la intención de sus creadores de convocar también a los heterosexuales. De hecho, entre sus asesores figura gente como el abogado Daniel Bonilla, profesor de Los Andes, casado y con hijos.

Él y otros profesionales de primer nivel, agrupados en tres comités externos que manejan un perfil bajo frente a la opinión pública, han hecho de Colombia Diversa una ONG sui géneris, que un día es citada en un solemne editorial y al siguiente le da tema de portada a una revista de farándula.

El poder del voluntariado

Estos cuerpos élite, que tienen entre cinco y diez miembros, se sientan a la mesa cada vez que la situación lo amerita y definen las tácticas legales, financieras o de comunicaciones para alcanzar un fin determinado.

Gracias a su trabajo ad honórem, la organización se ha venido granjeando la simpatía y hasta el apoyo económico de personalidades como la diseñadora Mercedes Salazar, y se ha consolidado como fuente autorizada con la publicación de informes sobre la problemática de la comunidad LGBT.

Sus centros de operaciones abarcan desde el comedor familiar de uno de ellos hasta un café, pasando por la sala de juntas de alguna multinacional. En la casa campestre de la ex canciller Carolina Barco, por ejemplo, se definió la que quizás ha sido la jugada maestra de toda la estrategia de Colombia Diversa: la mediática 'salida del armario' de Virgilio Barco Isakson.

La comunidad gay de Bogotá sabía desde hace varios años que el hermano menor de la actual Embajadora en Washington era uno de los suyos, pero su entrevista con María Isabel Rueda, publicada en Semana en mayo del 2005, y la que le concedió posteriormente a Yamid Amat para EL TIEMPO pusieron al país entero a hablar y a pensar en este tema.

Héctor Fabio Cardona, miembro del comité de comunicaciones y gerente nacional de Burson-Marsteller, resume muy bien la situación: Barco es un rostro ganador.

Pero 'la cara del santo' y la materia gris destilada en los comités externos no han servido solamente para engordar los reportes de prensa que la firma Monitor les entrega periódicamente. Esta poderosa llave también se refleja en los balances: de los 11 millones de pesos con los que arrancó Colombia Diversa, aportados por un puñado de simpatizantes, se ha pasado a un presupuesto para el 2007 cercano a los 170 millones.

Por ahora, el gran desafío sigue en manos del comité legal, cuya obra de mostrar es la aprobación del proyecto de ley en la plenaria del Senado, logro que podría quedar en nada si el año entrante la Cámara lo rechaza. Como lo reconoce el propio Barco, en el tema jurídico básicamente no ha habido ningún avance.

Por eso, dice, mientras la igualdad de derechos respecto de los heterosexuales se siga viendo tan lejana, habrá Colombia Diversa para rato.

Tomado de El Tiempo

 


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