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“Estoy confundida, no sé si soy lesbiana”, confesó Valentina en voz baja a Catalina su mejor amiga en plena clase de educación física, un jueves por la mañana en el colegio. Desde hacía ocho años se conocían, eran confidentes y muy amigas, a pesar de la confianza algo esa mañana cambió para siempre, Cata no volvió a ser la misma. Su reacción era normal para una chica de su edad.
¿Cómo debía manejar aquella situación? En su mente vagaban muchas ideas.
“Si aquello era cierto, todo sería diferente” pensó. A los 17 años Catalina no estaba lista para enfrentar una situación de esa magnitud.
Los días pasaron y llegó el sábado. Ya en casa Catalina entre cuadernos, lápices y libros, acostada en su cama cerró los ojos y se dispuso a descansar. De repente el recuerdo que tanto le había costado olvidar apareció en su mente tan nítido y real como el día en que pasó, que un escalofrío recorrió su cuerpo. En un cuarto de paredes rosa, una tarde de Agosto dos años atrás mientras hablaba de ropa, chicos y música, un suave y delicado beso en la mejilla la sorprendió, luego su prima Natalia un año mayor, la tomó por la cintura y sobre la ropa desde el rostro hasta los pies la acarició en pocos minutos con tal delicadeza y ternura que el miedo desapareció, luego la miró fijamente a los ojos y con el dedo índice en los labios le indicó que guardara silencio.
Desde ese instante Catalina no ha podido borra aquella bella, emocionante y extraña muestra de afecto de su memoria. Su prima le acababa de abrir las puertas al mundo gay. Un grito ensordecedor la sacó de aquel sueño y Cata bajó las escaleras donde su madre esperaba para cenar.
Llegó el lunes y la vida escolar comenzó su vaivén. Alumnos y profesores habían notado la distancia entre las mejores amigas pero por no pasar por entrometidos guardaron silencio. Hubo por aquellos días un partido de voleibol intercolegiado. Desocupados los alumnos decidieron quedarse a observar el dichoso juego. Sin saberlo, Valentina y Catalina se quedaron también pero en lugares diferentes del coliseo. El partido empezó y todo era normal. Cata hablaba con algunos compañeros mientras apoyaba con gritos y barras a su equipo mientras Valentina disfrutaba de una deliciosa Coca Cola.
De repente entró al recinto una nena algo particular que de inmediato se convirtió en el centro de atención. Delgada, alta, de cabellos negros y ondeantes, unos ojos verdes que escudriñaban rostros y una tez blanca que expiraba delicadeza y energía. Era Carolina Montero, una de las suplentes que acababa de entrar al colegio y llegaba al juego en reemplazo de la número cuatro lesionada. Valentina no podía dejar de mirarla. Su emoción fue mayor al confirmar que estudiaba en su mismo colegio en un grado menor y que no conocía a nadie. El partido se terminó ganando el colegio invitado pero para Valentina una nueva ilusión acababa de nacer.
Al siguiente día no tardó en conseguir el curso, el horario y los salones donde Carolina tenía clase, aquella bella niña de ojos verdes que la había cautivado. En la hora del recreo, Catalina por accidente tropezó con alguien y se puso histérica, al descubrir que era Valentina sonrió pero recibió a cambio una actitud indiferente y una linda joven que seguía su camino. Así pasaron las semanas, Vale se las ingenió para convertirse en madrina del curso de Caro y así pasar más tiempo a su lado. Le encantaba su dulzura al hablar, su graciosa sonrisa y su manera de caminar. Cierto día, Camilo sin quererlo encendió en Catalina el fosforito de la duda al contarle sobre la nueva amistad ente Vale y Caro.
Eran tiempos de exámenes y como Carolina era astuta recurrió a su madrina, pasando así todas las materias. Ni los padres de Valentina ni los de Catalina jamás supieron lo que pasaba y mucho menos sus profesores ya que no existía la confianza suficiente para hablar sobre sexualidad.
Una tarde en que Catalina salió de su casa a comprar unas cartulinas vio a Carolina y a Vale demostrándose con un beso su afecto, hablando en la pizzería, de inmediato corrió hasta la esquina para no ser vista. ¿Qué me está pasando? pensó. No sabía qué hacer, con dolor e impotencia caminó hasta su casa donde lloró desconsoladamente, aumentando así su confusión y unas ganas inmensas de gritar. Las paredes de su cuarto fueron únicas testigos de este penoso trance ya que sus padres como siempre estaban ausentes.
Desde aquel día los celos fueron su compañía para lograr su objetivo. En el colegio en cada oportunidad, atacaba sin razón a Carolina y recibía amenazas de Valentina a las cuales no ponía atención. Una noche se encontraron y Valentina le pregunto el por qué de su comportamiento. Catalina se limitó a decir que Carolina Montero se estaba aprovechando de su amistad, razón que no dejó del todo satisfecha a Valentina.
Los padres de Catalina no estaban en casa, así que ella decidió para salir de dudas llamar a una emisora una mañana donde una voz amable ofrecía consejos en el amor. Le daba miedo ser juzgada y sabía que los locutores la estimulaban para hablar sin límites. Tenía necesidad de saber qué le estaba pasando, necesitaba cariño y afecto. La voz del locutor le dijo que no se preocupara, que le dijera lo que sentía a su amiga y que así todo saldría bien. Y ella pensó para sí misma: ¿y por qué no? Colgó el teléfono y se levantó decidida a confesárselo todo a Valentina su amiga, su amor.
Al día siguiente cuando salían de clase para el descanso le mandó una nota con Camilo para que se encontraran en el baño. Así lo hicieron y por fin a regañadientes Catalina lo dijo todo.
A Valentina se le llenaron los ojos de lágrimas y le confesó que desde hacía mucho tiempo sentía algo especial por ella. A Catalina el miedo y la inseguridad le causaron muchos problemas pero afortunadamente todo salió bien y empezó con pie derecho una nueva relación con su amor Valentina. Carolina Montero por poco pierde el año, consiguió nuevo marrano (Camilo) para que le ayudara a pasar y se olvidó de todo.
Catalina hizo lo que el locutor le dijo y todo salió bien pero existen ocasiones en las que el final es desastroso, marcando al joven para siempre y destruyendo su identidad e integridad. No es solamente en las inclinaciones sexuales, también los adolescentes experimentan con su sexualidad sin ningún tipo de información previa. En la actualidad 19 de cada 100 jóvenes entre 15 y 19 años están embarazadas o ya son mamás. Son miles los casos que ocurren a diario en Colombia y en el mundo sobre adolescentes confundidos que actúan según dictan los medios masivos de comunicación en los que ven un modelo a seguir y la única fuente de información y de verdad ya que en sus casas sólo encuentran cohibición a sus inquietudes.
Valentina y Catalina vivieron una de las situaciones más comunes que se presentan en las relaciones afectivas. La inseguridad, la falta de figuras paternas y maternas que sean guías y el miedo a perder lo que para ellas era más valioso, hicieron que su particular historia tuviera un final feliz. En el colegio son muchas las vivencias y las historias similares a ésta que los jóvenes deben afrontar muchas veces mal orientados por voces que sólo piensan en el bien propio y nunca en las vidas que con las que están lidiando.
Al terminar el colegio su relación continúo por un año y luego sus vidas tomaron rumbos diferentes. Al enterarse los padres de Valentina la sometieron a un procedimiento psicológico que no dio resultado y los padres de Catalina siguen ajenos a la situación.
Son muchos los casos como el de este par de jóvenes que afrontaron en su adolescencia una situación difícil y que aún hoy en día tratan de sobrevivir en una sociedad que no parece ofrecerles un futuro coherente.
En el medio escolar los jóvenes no reciben una educación para el amor que los ayude a afrontar con serenidad la toma de decisión sobre su identidad sexual y amorosa.
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