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Después de discutido y aprobado por plenitud, todos los sentimientos que habitan en mí, han decidido, enviarte este comunicado... han pasado los años, todos en silencio y aunque la armonía de tu desprecio haya aumentado en mí la virtud de la espera, el alma que un día parada frente a tu puerta dejé para que te guardara, hoy golpeó de nuevo las puertas de mi casa para encontrar en mi cuerpo el refugio necesario a tan alto grado de dolor; ¿crees tú que mirándola tan acongojada, la dejaría volver a tu lado?
La he llamado a mi despacho, y con la sabiduría que de la razón me queda, le he preguntado cómo después de amarte tanto, hoy regresa, pidiéndome en llanto que nunca más la vuelva a dejar estar a tu lado; que le impida la salida cuando tú la deseas y que le niegue la duda, cuando el baile de tu voz se acerca. Creo que el error no estuvo en las mil noches que pasé a tu lado, ni tampoco en las tardes que dediqué a escuchar por el teléfono el quebranto de tu espíritu, el fallo, sin lugar a duda, lo encuentro en que ninguna de esas noches me permite el derecho de tocarte, ni de con mi lenguaje de besos, encaminarte hacia el infinito, ninguna de esas tardes te encanté con el susurro de la melodía de mi corazón enamorado; me faltó coraje, lo acepto, pero a una diosa, una impura mortal como yo, solo la desea entre los sueños y la idealiza con la fantasía.
Sentada en la misma silla, sintiendo lo mismo que el primer día en que te vi, pues como lo ha de saber hasta el más inculto de los personajes, los dolores del corazón, solo él mismo, los puede sanar; espero que tu desventurada vida encuentre el abrazo de un cuerpo y que éste sea el último dolor que le causes al alma mía; princesa de la noche (como solía llamarte por el parecido con su misterio) te pido que no engañes, que no mientas, que no ilusiones, que no destruyas, sino que ilumines con tu pureza y deslumbres con tu virtud... que seas más que un simple títere de la vida y que le des libertad a tu corazón, amar a una mujer no es motivo de vergüenza, por el contrario es aceptar que la naturaleza le dio vida a la perfección.
por MILEDIAZ
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