Buenos días, Ángel mío  , ¡día 28 de abril! ¡Mi ángel, mi otro yo, todo mi mundo! Donde yo estoy, allá estas tú conmigo. ¡Ay, Dios! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos!... Antes de levantarme, mis pensamientos volaron hacia ti, inmortal bienamada; no puedo seguir viviendo sin ti, de ninguna manera. Quisiera recorrer la distancia y volar, volar a tus brazos y sentirme realmente junto a ti y enviar mi alma envuelta, escrita, humillada, honesta, a los dominios del espíritu y así en alguna forma estar contigo; nunca dudes que haya un corazón más fiel al tuyo que el mío.
Aún adorada en tu belleza por ojos mortales, en tal confín tu silueta se ha depurado hasta conformar la rigurosa geometría de un sueño, en ella busco tu sonrisa, la doble llama que bate alas en el aire quieto, subo por ella, en ella me baño como en el mar y en el mar loco de olas navego en ti. Sé bien que estoy muriendo, pero no de vejez sino de amor; ángel mío, cuando los sueños dejan de serlo se convierten en quebradiza realidad y todos los misterios están ya maduros para dejar de serlo, yo seguiré estando allí para ti, amor, ¡mi amor! Pero no seguirás siendo un sueño, sino mi realidad. ¿Loca?, sí, ¿por qué? por ti. Todas las palabras que escribo para ti, todas bellísimas y ciertas; que podrían hacerse con las letras de la palabra amor. Me llené de razones para reunir todo el amor del tiempo y una semana más para dártelo y para que hagas con él lo que tú quieras: guárdalo, acarícialo, cuídalo, tíralo a la basura… no sirve, es cierto. Porque esto es tan parecido a salir de un manicomio para entrar en un panteón de amores que nunca llegaron a serlo. A lo mejor las dos somos el borde de una misma herida: el amor; borde tú, borde yo; depende de nosotras cerrar la herida; y juntas, estar de nuevo como lo hemos querido hasta ahora. El silencio encubre parte de mí, porque algo perturba mi mente, eres tú, esa parte tierna, que no dejo escapar ni con la brisa de una mañana. La carretera se extiende y así seguirá siempre, si es que no te esfumas como la meta de una soñadora fortuita. Sigue este gran camino y sinceramente te amaré como la ya tantas veces mencionada ‘luna ama la noche’. ¡Ay! Ni yo misma he creído en mis sueños, pero los sueños han sido la ocupación de mi vida, solo los he tenido durante el día, despierta, no cuando estaba dormida; y ahora advierto que el sueño fue mi realidad. ¡Mundo cierto! Andaba sin buscarte, pero sabiendo que andaba para encontrarte... ¡Búscame! ¡Búscame! Como yo te busco en mis sueños reales...
Por siempre tuya en la distancia, Por siempre mía en mis sueños. ¡Gracias! Mi Ye... ♥♥♥
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