Cómo podría describir este lugar en donde el alma tiene propiedad y en donde los sueños se escapan por debajo de la puerta, mientras el tiempo trascurre por los pasillos de nuestro destino… Qué podría relatar de la vida de una niña, que a los 15 años soñaba con encontrar a su príncipe azul y llegar al altar vestida de blanco y entregarle su vida en cuerpo y alma aún cuando todo se desvaneciera a los 21.

Mi mundo es un lugar simple y complejo, con fragancias a lágrimas, con flores marchitadas, con nubes despejadas, con días de lluvia y tormentas silenciosas, con crisis y calmas, con la mirada agachada, con cartas debajo de mi almohada, con ilusiones debajo de la piel, con un amor que me despierta en las mañanas, con el perfume de la risa enamorada, con el rumor de que alguna vez hubo mucho dolor, con la dicha de saber que estoy viva, con recuerdos mágicos tatuados en las manos, con el corazón preparado para la siguiente batalla, con la esperanza colgada en el pecho como mi mejor amuleto, con los sueños pintados de rosado y con la fe dibujada en el cielo para llegar lejos.
Sé que muchas veces el amor no es para siempre, que alguna vez mi inocencia pasó de niña ingenua a ser mujer y entonces el mundo fue perfecto para mí, no pensé en el mañana, solo en vivir. La rutina de mi mundo era la misma y todo transcurría de tal forma que no podía dejar a un lado mi responsabilidad, pero amaba y me amaban. Era perfecto, sin mañanas, sin después… Cuando terminé de sembrar la última margarita en el jardín de mi mundo, me levanté y me miré en el tiempo, y pensé… “el amor sí es para siempre” y desafié al mundo y a mi familia. Pero el amor perfecto me dejó, me sacó de su mundo y me dejó de querer. Entonces ese mundo de color fucsia se quedó solo, los sueños se cayeron por la ventana de mi casa y se rompió mi alma. Una puerta se cerró y comprendí el significado del adiós, vi cómo se fue el sentimiento, quise correr e ir tras él, pero no pude. Fue la última vez que lo vi. Pensé que me iba a morir y mis ojos lloraban al punto de confundirse con la lluvia. Era mi tristeza y quede en la soledad más grande que puede sentir un ser humano.
Pasaban las horas, los días, y entonces decidí aprender a correr para no pensar más en ese dolor, entonces las palabras se volvieron silencios y los sueños se escondieron. Después de mil años me doy cuenta que con tu Adiós le quitaste a mi mundo sueños, ya no hay reproches y tampoco hay dolor. Hoy recordé que mi mundo Amó, entregó pero perdió. Sí, perdí… Perdí a mi mejor amigo, a mi hermano, al amor que creía era perfecto. Hoy volviste a mi mente, como suele suceder cada día, y me doy cuenta de que puede que no hallan amores perfectos y para siempre. Que tal vez, el Amor es eterno mientras dura, pero disfrutaré de los amores que vengan a mi vida como si fueran las últimas margaritas sembradas de mi mundo.
Hoy siento que gané la libertad de coger mi mundo con las manos y abrazarlo, de volver a sentir que vivo, de volverme a enamorar y de volver a Amar. De soñar y de caerme de los sueños, porque de esto se trata vivir, de cometer errores, de sufrir y de reír, de conocer gente, de plantar amigos en mi mundo y de extrañar a ese amor perfecto, aún cuando esté en el cielo.
Dedicado a la memoria de Alejandro.
Elektra