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No sé ni siquiera cómo comenzó todo, supongo que lo supe desde siempre, y realmente nunca quise aceptarlo. Pasó, simplemente pasó. Es una de esas cosas que no puedes explicar. Es esa lágrima que cae solo para recordarte que tienes alma, o esa cálida brisa que te pega de frente y te relaja. O el sol, que entra por la ventana en la tarde y te llama a disfrutar de su sobria compañía.
Es una de esas noches en que no puedes dormir y te pones a pensar en cuán superficial es tu vida. Ese llanto que llega sin pedir permiso, sin avisar, sin razón. Es tu reflejo en el espejo gritándote que la vida se te escapa de las manos. Simplemente pasó, surgió en mí un nuevo sentimiento de libertad, de paz, de tranquilidad. Tan sólo me di cuenta que mi ser necesitaba dejar de mentir. Quería gritar, llorar... Consciente de que, una vez pusiese un pie fuera, no habría retorno. Y entonces, lo grité, lo lloré, lo viví, lo acepté... Soy Lesbiana... Y no quiero volver atrás. Porque no hay dulzura comparable a la de los labios de la primera mujer que besé. Porque no hay cariño que se compare al que le tuve algún día. Porque daría mi vida por encontrarte, porque sé que estás ahí y eres para mí, mi mujer inesperada, la princesa de mis sueños, porque, aunque no te conozco, sé que algún día llegarás a mi vida, para dejarme hacerte feliz, para dejar que seas mía.
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