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Era la XI y empezaba a las 2:00 p.m., así que salí de casa a la 1:20 pancarta en mano, mochila llena de las hojillas que cuentan quienes somos y que cosas hacemos y unas cuantas manillas, llegué al Parque Nacional y las DeGeneradas no se veían por ningún lado del monumento al que le di la vuelta como niño perdido en feria.
Me abordó entonces la niña de la encuesta y a mi lado se fue por todo el parque buscando la fuente en la que, desde el principio me había sentado… pero bueno, eso estuvo bien, me pregunto muchas cosas, sobre estar o no fuera del closet, sobre política, sobre sexo seguro y sobre discriminación.
Me encontré al fin con las que estaban, que de paso eran varias y ya fue hora de pararnos en la calle, allí empezaban a acomodarse las organizaciones, carrozas y demás algarabías propias de nuestro día.
Arrancamos tarde casi a las 3; de ahí a la plaza de Bolivar, lo habitual, repartir papelitos y a gritar cosillas, al avance de las cuadras se veían muchas escenas, hombres y mujeres en el anden que acompañaban la marcha y miraban de a pocos a los valientes que nos paramos en el centro a expresar nuestros inconformismos y a aquellos que apáticos se hacen los “yo no soy de ésos” pero al menor descuido reciben el papel que les ofreces y se lo guardan rápido para que no se les note la maricada.
Cantaron las DeGeneradas desde reguetones hasta arengas de matrimonio y de libertades sexuales y políticas, muchas canciones, muchas arengas y se volvió carnaval la cosa; el silencio y los abrazos de las 4 no salieron como quería, pero al menos me mostraron que con mayor organización va a ser posible hacerlo otro año por alguna otra cosa, finalmente, en este país, siempre hay algo por lo cual quejarse.
Llegando a la plaza entré con el grupo y me sentí super política, fue allí cuando vinieron los discursos, empezó el alcalde con una intervención de mi cuerpo es mio y yo decido, muy propia suya y sobre la tarima a su lado se pararon los que hacen posible esta manifestación pública multitudinaria.
Bennedetti salió aplaudido y empezaron los discursos de los representantes de cada sexualidad; arrancamos con “stereo sexual” para ambientar el tema y empezó el amigo bisexual, recordando a nuestros propios muertos y muertas, para pasarse luego a contar las cosas buenas, metro vivienda y el fallo de la corte constitucional.
Siguió la amiga lesbiana, con un discurso bonito y de todas las sexualidades, de los respetos y las identidades; entro entonces el amigo gay que se pegó su bailadita de “a quién le importa” y habló de la corte y del congreso mostrando que si por un lado hay garrote, por el otro hay zanahoria.
Vino la amiga transgenerista recordando sus 11 muertas del último mes, aludiendo a que el sentido de la marcha se hubiese cambiado un poco para dar cabida a lo de los diputados y no se hubiese pensado en eso mismo con las caídas en Cali, Medellín y Bogotá.
Luego vino la rumbita y la despedida... problemas, los habituales del alcohol y luego la salida fue un jolgorio, que llamé la contra marcha, la séptima llena de maricas regresando a casa.
Tuve oportunidad de fijarme en quienes asisten y verdaderamente somos diversos, “el polo” (primer bar gay que hubo en Bogotá en los años 20 y que queda junto a la iglesia de Santo Domingo) estaba tuquio, “el semáforo” parecía en trancón y me imagino que la oficina del centro era un hervidero.
Terminé en Theatrón, celebrando con mi amigo el parce y su novio que la diversidad tiene un día al año para salir a la calle y dejar el closet por un rato.
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