No atañe únicamente a mujeres sino a hombres, que también sueñan con vivir en un mundo libre de violencias.
Unos piensan que mujeres como yo exageramos. Las mujeres están en todas partes, dicen, sus voces se oyen y ya son las iguales de los hombres; otros nos tratan de frustradas y amargadas, cuando no, más elegantemente, de frígidas; y los y las demás simplemente no quieren saber que las mujeres aún no tienen las mismas oportunidades que los hombres. En fin, muy pocos y muy pocas tienen una idea precisa de la condición de las mujeres en el mundo. Pues les recomiendo a todos, y a muchas, una reciente publicación, titulada El libro negro de la condición de la mujer, dirigido por Christine Ockrent y distribuido por Aguilar (2007), texto que desde hace unos días ya está en todas las grandes librerías.
Tiene más de 900 páginas, que reportan con gran seriedad y objetividad las sombras difícilmente confesables de nuestras sociedades contemporáneas, al describirnos el horror de haber nacido mujer en este mundo. A través de un panorama espeluznante, basado en cifras y datos estadísticos, en reportajes, crónicas, estudios internacionales y testimonios valientes, asistimos a un verdadero descenso a los infiernos, que nos proponen las mujeres Christine Ockrent, Sandrine Treiner y Carmen Alborch, quienes organizaron esta edición, ya traducida.
Basándose en la Declaración Relativa a la Eliminación de todas las Formas de Discriminación hacia la Mujer (Naciones Unidas, 1979), aprobada hoy por la gran mayoría de los países del mundo, este libro articula sus capítulos a partir de cinco derechos fundamentales, que son: seguridad, integridad, libertad, dignidad e igualdad y nos propone, a través de un recorrido mundial, un análisis de las violaciones, algunas atroces, de estos derechos.
Están las historias de las ablaciones del clítoris de millones de niñas, los abusos sexuales contra mujeres, las violaciones sistemáticas de Ruanda y otras partes del planeta, donde ellas siguen siendo botín de guerra. Están las lapidaciones de mujeres por adúlteras, los feminicidios de Juárez -alrededor de 500 mujeres de entre 13 y 22 años, asesinadas en una década, por el simple hecho de ser mujer-, evento que impuso el empleo de ese nuevo concepto de feminicidio; están las mortalidades maternas en países pobres; está el analfabetismo de millones de niñas (unas dos terceras partes más de niñas y mujeres analfabetas que de niños y hombres); está la espeluznante condición de las mujeres musulmanes en medio de los fundamentalismos, la esclavitud moderna con la trata de personas y el trabajo doméstico de niñas de 12, 13, 14 años; están, por supuesto, las cifras de la pobre participación política de las mujeres en el mundo a partir de un análisis de ese famoso techo de cristal; está la condición de mujeres lesbianas y capítulos enteros de violencias domésticas y sexuales.
Y no tengo suficiente espacio para seguir con esta lista de violaciones de derechos. Esta hoja de ruta pasa por países pobres y aun casi feudales en relación con las mujeres, pero también por países en desarrollo y países desarrollados. Ahora, como lo dicen las mismas compiladoras, este libro no es un libro de reclamaciones. Es la expresión de una determinación y un firme compromiso para seguir construyendo un mundo más habitable, posible y justo. Citaré la última frase del prólogo: "Por medio de esta fotografía de la condición de las mujeres en el mundo, cada una de nosotras tiene la oportunidad de aprender lo que no sabe, de descubrir lo que no puede o no quiere ver y de participar en el combate por un mundo mejor". Añadiría solo que ese libro no atañe únicamente a mujeres, sino a hombres que también sueñan con vivir en un mundo libre de violencias para sus madres, sus hermanas, sus compañeras y sus hijas. De lectura obligatoria.
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad Tomado de El Tiempo
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