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Así de clara es la escritora británica, famosa por ser la autora de novelas como Afinidad o Falsa identidad, protagonizadas por esbianas a finales del siglo XIX. “Tradicionalmente no ha habido un lugar para las lesbianas en la cultura dominante, aunque ahora esto está cambiando”, añade.
A los 41 años y, a pesar de la energía de su escritura, Sarah es una mujer pausada. No es difícil imaginársela sumergida entre libros, en una vieja biblioteca victoriana en la que el tiempo se ha detenido, en busca de información para alguna de sus obras. El lustre de la perla, Falsa identidad y Afinidad, son tres títulos que no han pasado desapercibidos en el “ambiente” y que tienen el mérito de haber rescatado una de las épocas más oscuras y, a la vez, fascinantes de la historia de Gran Bretaña.
En esas tres novelas, esta alumna aventajada de Charles Dickens ha mostrado la época victoriana desde una perspectiva tremendamente sensual y sexual, es decir, de una forma que nada tiene que ver con lo que sabíamos y nos habían contado de la época dominada por las normas morales de la longeva reina Victoria de Inglaterra. “Me identifico con estas lesbianas del siglo XIX. Fue la época en que la gente empezó a identificarse como homosexuales en el sentido en el que lo entendemos ahora. Los términos homosexual y heterosexual se empezaron a utilizar en 1869, así que puede decirse que por primera vez existía un interés general por la identidad sexual”, ha comentado Sarah respecto a su preferencia por esos años.
Además, situar en medio de las calles sórdidas de Londres, en siniestros internados o en oscuras mansiones de la campiña inglesa a un puñado de lesbianas, es una buena manera de demostrar que, sí, existimos, y desde hace décadas. Sarah está de actualidad porque ha editado ya su cuarta novela, Ronda nocturna (Anagrama), en la que cambia no sólo de época, ambientándola en los años de la II Guerra Mundial y de la posguerra, sino también de punto de vista: abandona la primera persona para narrarnos la historia de un grupo de londinenses en tercera persona. 
En plena promoción de la novela, dejó por unos días su casa victoriana de Londres, a su novia y sus dos gatos, para presentar en Barcelona este nuevo libro. “Es distinto a los tres anteriores, me ha hecho dudar mucho y está muy centrado en los personajes. Tuve que probar muchas escenas, reescribirlas, tirarlas a la basura o colocarlas en diferente orden… Ha sido un trabajo muy intenso de escritura.”
—¿Cuánto tiempo has tardado en escribirla? —Unos cuatro años, de principio a fin, incluyendo el tiempo de investigación. Es mucho, pero es que he estado más ocupada de lo habitual. Desde que Falsa identidad y El lustre de la perla se adaptaron para la televisión, tengo más trabajo y eso ha hecho que fuese más lenta. —¿Qué ritmo de trabajo sueles seguir? —Tengo la manía —es como una superstición—, de escribir unas 1.000 palabras al día. Eso me mantiene en movimiento. Suelo empezar a trabajar a las 10 y acabo a las 4 o a las 5 de la tarde. —¿Es toda escritura autobiográfica? —Sí, en el sentido de que tiene que decir algo de ti, pero creo que la mayoría de las veces es un ejercicio intelectual. Por otro lado, se puede decir que en muchos de mis personajes hay pequeños fragmentos de mi vida. —La época victoriana, ahora la Segunda Guerra Mundial… —Soy una novelista histórica, es otra etiqueta que me ponen. Hay un montón de etiquetas que pueden aplicarse a la vez a una escritora, aunque en realidad yo no me siento a escribir pensando: soy una escritora lesbiana, soy una novelista histórica… sino que escribo cosas que me interesan y que para mí son importantes. Pero, evidentemente, el hecho de ser lesbiana y estar interesada en la sexualidad y el género me lleva a escribir lo que escribo. —Es un milagro encontrar a una mujer que no tiene problemas en afirmar abiertamente que entiende… —Nunca he tenido problemas por el hecho de ser vista como una escritora lesbiana. No podría tenerlos teniendo en cuenta el tipo de libros que escribo. Es obvio y pienso que es importante que la gente mínimamente pública que pueda estar fuera del armario lo esté, porque eso hace que sea menos problemático para otras personas. Habiendo dicho esto, no se puede decir que yo sea especialmente valiente, sino que las cosas en Gran Bretaña han cambiado muchísimo desde que salí del armario hace 20 años. Entonces era difícil. Pero ahora es distinto. Desde que empecé a escribir El lustre de la perla hasta ahora, he encontrado escritoras lesbianas y también escritoras de primera línea que son la prueba de que las cosas están cambiando. Ahora hay muchas escritoras lesbianas, como Jeannette Winterson, una autora que ha hecho mucho para cambiar la idea que se tenía sobre la escritura lesbiana. Ella es muy buena escritora y muy literaria. —¿Cuándo descubriste que eras lesbiana? —Tuve mi primera relación con una chica en la Universidad, a los 19 años. Aunque si miro hacia atrás, hacia mi infancia y mi juventud, me doy cuenta de que desde muy pequeña estaba en el camino… Era una niña un poco marimacho y pasé por una época de feminidad. Durante la adolescencia tuve un novio, pero resultó ser gay. Creo que es una situación clásica, ¿no? Pero, al llegar a la Universidad tuve esa relación, que fue muy intensa. Las dos éramos muy feministas, nos comprometimos con el feminismo lesbiano de entonces y nos mudamos a Londres. Fue fantástico. —¿Cómo te sentiste respecto a tus padres y al mundo en general al salir del armario? —Bueno, mudarme a Londres hizo que todo fuera más fácil, porque provengo de una ciudad muy pequeña. Con mis padres no salí del armario inmediatamente, sino que se lo dije en 1991, a los 25 años. De alguna manera, ellos ya lo sabían y reaccionaron muy bien. Después, cuando mis libros empezaron a publicarse, fue todo más fácil, porque yo ya no era sólo su hija lesbiana, sino su “hija lesbiana cuyos libros se adaptan a TV”. Así que se sintieron orgullosos.
Disponible en http://lesbonet.org/revistasales/pdf/numero9.pdf
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