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Nos reservamos el derecho de admisión: situación de las mujeres lesbianas en Medellín E-Mail
Escrito por Wilson Castañeda Castro   
sábado, 31 de mayo de 2008

La reserva del derecho de admisión se esta poniendo de moda en Medellín, sobre todo en su vida nocturna o en espacios de lo privado como lo llama Hann Arendt, eso si, con pocas y costosas ofertas de diversión generando nuevas y absurdas practicas de exclusión en la lógica de una sociedad clasista, privilegiada y desconocedora de las construcciones colectivas y los espacios significados por los seres humanos. En ocasiones uno siente que eso pasa alrededor y al interior de la población LGBT, que como nos hemos acostumbrado… reservamos y nos reservan el derecho de reconocer, incluir y valorar nuestras acciones ciudadanas; es el caso de la sistemática exclusión con las mujeres lesbianas en la ciudad; acción negativa que contribuye a su invisibilización y riesgos en la sociedad.

 


Prueba de ello, fueron los acontecimientos al finalizar el año pasado en Medellín , con el aumento de la violación a los derechos de las mujeres, que se evidenciaba en las practicas de violencia sexual crecientes en la ciudad, la cantidad de mujeres víctimas del desempleo y del maltrato laboral, la discriminación social en comunas y corregimientos, la falta de garantías y buen trato en el servicio de la salud, la poca calidad educativa con la que cuentan; y el gran número de mujeres que aparecen en esta ciudad asesinadas, mutiladas, violadas y humilladas en su cuerpo, como si fuese un botín de guerra.

Acciones que de manera propositiva han sido visibilizadas por los movimientos de mujeres en la ciudad que con campañas, vallas y acciones exigen que pare la violencia contra ellas…en sus cuerpos, en sus vidas. Pero en contravía, las declaraciones de algunas de las autoridades del orden público y de la policía, aducen ésta práctica de exclusión como hechos relacionados a imaginarios culturales, que generan violencia en el mundo de lo privado, desconociendo el ejercicio sistemático de violación a los derechos de las mujeres y la urgente necesidad de investigar, judicializar, promover y defender la vida digna de las mujeres en todos los espacios públicos de la ciudad, pues no es una opción de reservar derechos, es una urgente necesidad de inclusión ciudadana Pero… ¿cuantas veces hemos comentado sobre la discriminación de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad?.

Lastimosamente las construcciones sociales, culturales y políticas de Medellín, todavía minimizan a las mujeres: con malos tratos laborales, salarios precarios, mala atención en salud, discriminación educativa, acoso sexual y desprecio por su opción sexual. Todos estos escenarios parecen mediados por un ambiente de moralidad cristiana que de entrada relega y desconoce a la mujer, y una cantidad de prácticas patriarcales de la sociedad que se niegan a reconocer la dignidad humana de la mujer en toda su amplitud.

Particularmente ésta sociedad machista, si bien sabemos que practica abiertamente la homofobia, lesbofobia y transfobia, acciones que rechazamos rotundamente, asume en los imaginarios de la mujer lesbiana y en lo actos de lesbofobia una persecución “encarnizada” hablando de “deshonra moral” y de un rompimiento con las “buenas costumbres”, pues “la niña ha perdido el pudor” y eso le da una mala imagen a la sociedad, por los “peligros de la liberación femenina” y como un problema de conducta, entendida como la regulación de comportamientos que exigen acciones inmediatas, propone formulas coercitivas para regresar a una vida delicada y expulsar todo lo que no se le corresponda.

Durante esta semana, hemos sido testigos atónitos de la calificación malvada en conducta y de la intransigencia del cuerpo docente del colegio público Leonardo Davinci de la Ciudad de Manizales, que dicen que prefieren renunciar o ser trasladados a otro colegio a reconocer los derechos de sus estudiantes. Ante la expulsión de dos jóvenes del grado once que este año no han podido iniciar sus actividades académicas, porque hicieron pública su identidad lesbica. La señora Rectora, incluso, a través de los medios de comunicación, ha insistido como en el mejor juego de roles de la infancia que se tendrá que elegir entre ella o las niñas “indisciplinadas” como las llamas para permanecer en el colegio. Lo que obligó la intervención de la Defensoría del Pueblo iniciando el trámite de Acción de Tutela para lograr que estas mujeres no sean señaladas, como perturbadoras, mal intencionadas, que su condición es un mal ejemplo para el resto de alumnas, cerca de mil matriculadas en los diferentes grados, y peligro para la sociedad; pues esos son las razones que la rectora da a lo que llama conductas “indisciplinadas”, hablando de las razones de no inclusión de las jóvenes.

Un cuerpo docente, que se supone esta en el ejercicio de la formación y el acompañamiento al desarrollo de las habilidades y destrezas humanas lanza muy mala imagen a la sociedad, negándose por todos los medios a reconocer su derechos, incluso a la propuesta de que una de las estudiantes asistiera a clases en la jornada de la mañana y la otra en la tarde. Además, desde que revelaron su inclinación sexual, las dos jóvenes de 15 y 17 años fueron excluidas de las actividades cotidianas educativas y, al querer matricularse al principio de éste año, se les negó el cupo, aduciendo razones de mala conducta.

En un primer intento de defender sus derechos, un juez, se reservó el derecho de admisión al no recibir la tutela a las dos jóvenes alegando que son menores de edad, “por lo que intervino la Defensoría y solicitó a los padres de las menores entregarla para su respectivo trámite, para lo cual se comisionó un defensor público, encargado de la representación jurídica de ellas. Los juristas que tramitan la tutela aducen el respeto a los derechos a la diferencia, a la diversidad sexual y a la igualdad, planteamiento presentado a las autoridades educativas desde Enero, cuando se registro la exclusión sin que hasta la fecha se presente una alternativa de solución”, revelaron los medios locales de comunicación.

En Medellín, esta situación no nos sorprende, pues muchas evidencias históricas golpean nuestros oídos; como expulsiones y no renovación del contrato a mujeres lesbianas en entidades oficiales del orden municipal, constreñimiento y amenazas de castigos y ridiculizaciones públicas en los colegios de niñas del barrio el Poblado por contarle a las Piscoorientadoras que están sintiendo ”cosas” por otras niñas; negación en los hospitales Cristianos que se dicen “tener alma”, centros de salud y unidades intermedias de recibir sus donaciones sanguíneas o donación de órganos, cuando en la encuesta de registro, al preguntarles por su situación sexual abierta y maduramente se presentan como mujeres lesbianas, presumiendo mal intencionadamente por parte de los funcionarios de salud que son potenciales portadoras de enfermedades de transmisión sexual, mujeres vendedoras ambulantes, que cuando asumen públicamente en espacios públicos su condición lesbiana reciben intimidación , maltrato y doble victimización por parte de los funcionarios de “espacio público” . Ha esto se le suman los asesinatos de las mujeres lesbianas en Medellín, que si bien, por su invisibilización son pocos los que conocemos, están marcados como “modus operandi” por acciones perversas tales como; la tortura, la violación sexual y los castigos ejemplarizantes, además de los relatos de las mujeres desaparecidas en la ciudad que son invisibilizadas, y las marcas de la explotación y maltrato en el hogar el trabajo al que ellas acceden.

Las mujeres lesbianas sufren actualmente en nuestras ciudades por lo menos una doble discriminación; primero por su condición de mujeres en espacios educativos, laborales, sociales, culturales e incluso familiares; pero además, en segundo lugar por su orientación sexual; y esto constituye una violación fragante de sus derechos humanos fundamentales tanto al que se refiere al derecho a la igualdad, como al libre desarrollo de la personalidad. Por eso es necesario romper con imaginarios sociales tan perversos y practicas tan violentas y comprender, como reza el lema de una campaña de las mujeres lesbianas el año pasado en Medellín: “ni marimachas, ni areperas: somos mujeres que aman mujeres”.

 


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