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Es una pequeña historia que relata un momento específico, no soy escritora profesional, pero es algo que hago muy a menudo como catarsis. Espero lo disfruten. Mi intención es solo entretener y compartir por primera vez un relato; y ustedes son las indicadas para la primera vez, espero les agrade.
Fue una noche decembrina, la ciudad estaba cubierta por una niebla espesa y el frío combinaba a la perfección con la temperatura de todo mi cuerpo; con dificultad se veían las luces de los carros y los faros de las callejuelas, y a pesar de que el alba estaba por llegar, logré contar al menos 30 personas en menos de un minuto entrando y saliendo de aquel bar; claro sin fijarme en los que daban una caminata nocturna o en quienes salieron a comprar unos gramos de excitación momentánea bajo el abrigo de la noche.
Por qué, por qué, me repetía a mí misma cobijada por el frío, pero ninguna respuesta salía; y sentada en la acera fría, viendo como el humo del cigarrillo se mezclaba con la niebla mientras participaba en una conversación que ni siquiera estaba escuchando, ella llegó y sentí sus brazos tibios alrededor de mi espalda; pero de nuevo me repetía por qué, por qué. No me arrepiento de cuestionarme tanto, ni de haber abierto la boca para decir: ¿Por qué me haces esto? Yo no lo puedo soportar, ¿acaso es mejor ser amigas que nada? El silencio nos rodeó, al parecer tampoco supo las respuestas; solo sostuvo mi mano, me sonrió, me abrazó, me permitió acariciarla y hablarle con ternura, me permitió tocar su frente con mis labios; no se opuso cuando la envolví con el calor de mi cuerpo, ni cuando la miré con cariño y con deseo, mucho menos cuando halagué su figura, su sonrisa, su pelo, incluso sonreía cuando se daba cuenta de que su olor me enloquecía y mientras aun veía esos hoyuelos adornando su rostro, ella también se unía al hermoso juego que me permitió iniciar; siempre fue así nunca me detuvo, yo sólo me elevaba hasta donde me lo permitía y dejaba mis preguntas aún cuando no estuvieran resueltas. No obstante, esa noche aún pensaba por qué; por qué me deja seguir, por qué la quiero, por qué no está con su novio, por qué me hace esto... Pero nada interesa, solo juega conmigo, me permite volar entre sus encantos para después hacerme estrellar en los callejones de la ciudad, mientras sonríe de nuevo aún cuando se da cuenta que hay sangre corriendo por las calles.
Solo hasta ese momento comprendí la respuesta que buscaba, pues nuestros labios se rozaron intencionalmente y ella reaccionó asustada acariciándome una mejilla, mientras murmuraba un NO invisible. Mis labios respondieron con tristeza evidente: no sigas, no me hagas esto; y con firmeza quité su mano de mi rostro endurecido, mis ojos dejaron de verla hermosa, ahora no era nada, no había luz en sus ojos, no había calor en su sonrisa, no había felicidad en mi corazón; simplemente hablé, solo para el que quisiera escuchar: “mirad, hoy hasta la ciudad está triste”, sin embargo, para mi sorpresa, mientras yo la soltaba por completo, respondió más claro que nunca y me dijo, es solo niebla...
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