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Degenérese... es la voz imperativa que nos empuja a salirnos del género, de la ideología del sistema sexo-género que nos condena a desempeñar, como en un teatro, determinados papeles y a ocupar determinadas posiciones dentro de las redes de poder, con base en la idea de que los seres humanos estamos divididos de manera natural e inevitable en dos sexos.
Por lo tanto “Degenerarnos” es rehusarnos a ser domesticadas, pues “en la relación entre los sexos, la explotación consiste, no sólo en la apropiación del trabajo doméstico de las mujeres [el trabajo no pagado], sino también en la apropiación de su dedicación emocional” (Tomado de: http://larosabrindada.blogspot.com/, Victoria Sedón de León, 2001 Ana Jónasdottir, 1998: ver concepto de Plusvalía emocional). Es rechazar el papel de cuidadoras, de ascetas del hogar, del martirologio, de la maternidad, siempre subordinadas; nos invita a una propuesta más colectiva de amor, más allá de la pareja, nos quiere unidas pero singulares, nunca homogéneas. Esta voz nos dice: No sea una mujer convencional, no sea la mujer regular, sacúdase del género y encare a sus vigilantes, no se limite por su sexo, no limite a su sexo, corra el riesgo de salirse de las jerarquías basadas en su sexo. Degenerarnos es también negarnos a seguir creyendo que los buenos y los bellos son blancos, del norte, cristianos, heterosexuales, racionales, capitalistas, burgueses moderados, adecuados pero consumistas inmoderados en cualquier plano (consumidores de cuerpos publicitados o comercializados, de imágenes e ideas pre-cocidas, de prestigio, de amor mediatizado), no muy viejos, no muy jóvenes, obedientes a las normas de la edad, potentes depredadores, “depredatrices”, que hablan unas ciertas lenguas y manejan ciertos códigos; sus cuerpos no tienen marcas ni carencias. En cuanto al punto de romper con el género, degenerarse no es simplemente una forma de transgenerismo (que termina a veces por ser un movimiento binario dentro del mismo sistema y a veces somete al cuerpo a una medicación que termina por esclavizar a las personas), sino a estar más allá del género mediante la imaginación de formas simbólicas y materiales de reinventarnos, no como mujeres, no como hombres. Es una forma de exogenerismo, de ser ex-generista. Es apartarse, extrañarse frente a la regulación de la sexualidad. Es romper con los esquemas binarios y maniqueos, es darle cabida a una forma de pensar el ser como un contínuum infinito de posibilidades; es movimiento. Nos suscita nuestro “decaimiento” en relación con las normas convencionales hegemónicas en donde hombres y mujeres no tienen otra posibilidad de existencia que la de cumplir con un aburrido juego de pares. Es una invitación a la desobediencia, es una invitación a romper con la moral: bajo los ojos de la moral oficial una degenerada es una inmoral. Degenerarse es vivir una sexualidad “perversa”, “desviada”, “degenerada”, lejos de los fines establecidos por los valores cristianos y capitalistas de la reproducción (biológica, social, económica). Degenérese es por tanto llevar nuestra sexualidad de la cama a la calle, es huir de las cárceles privadas de la familia, la pareja, el hogar hacia el espacio del escándalo. Es saltar el muro para mostrar nuestra desnudez y sus heridas, así los buenos vecinos tendrán que girar la cara para no ver en nosotras su propia miseria. Es romper la matriz. Degenérese es también recuperar nuestras historias como mujeres desobedientes: brujas, hadas, extraterrestres, extrahumanas, cyborgs, guerreras, trabajadoras, diosas, locas, vampiresas no domesticadas por Hollywood, monstruas, sibilas, animales, seres fabulosos asexuados o hipersexuados, mitos (narran los orígenes) y leyendas (explican el devenir) con nombres de mujer, es poner en marcha nuestra capacidad antinormativa, nuestra capacidad de separarnos del centro, de romper con la gravedad de las normas sociales que nos sujeta a la inercia de girar, girar y girar sin llegar a ninguna parte. Es correr el riesgo de estar por fuera de las imágenes aceptadas. Es no tragarnos como naturales las reglas sociales de los hombres. Lo degenerado es aquello que se ha descompuesto, por lo tanto es lo sucio, lo creado orgánicamente, es contrario al estilo y estado de vida burgués. Degenerarse es admitir nuestra irregularidad y explorar en sus posibilidades. Es una estrecha vía de disrupción para la que tenemos que usar la emocionalidad y la imaginación. Explorar nuestras propias fronteras. Desobedecer los mandamientos de las jerarquías de edad, del género, de la clase, del racismo, de la xenofobia, de la heterosexualidad obligatoria, de la belleza publicitaria. Conquistarnos a nosotras mismas. Atrevernos a un acto de equilibrismo sobre el abismo. DeGeneres-E es la pregunta abierta, ¿cómo carajos hacemos esto?
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